Hay una frase que se repite en cualquier conversación sobre obras: "al final siempre sale más caro". Se dice con resignación, como si fuera una ley física del sector.
No lo es. Los sobrecostes tienen causas identificables, y la mayoría se pueden prever antes de que la primera máquina entre en la parcela. La incómoda realidad es esta: el presupuesto rara vez se dispara durante la obra. Suele estar mal desde el principio, y la obra se limita a revelarlo.
Estas son las cinco causas que explican la práctica totalidad de las desviaciones.
1. El proyecto estaba incompleto
Es, con diferencia, la causa número uno. Un proyecto con detalles constructivos sin resolver, instalaciones definidas a medias o incoherencias entre planos y mediciones genera una cadena inevitable: durante la obra alguien tiene que decidir cómo se resuelve cada hueco, y cada decisión tomada con la obra en marcha cuesta más que si se hubiera tomado en la mesa de proyecto.
El síntoma clásico es el modificado de obra. Suena a imprevisto, pero en la mayoría de los casos no es un imprevisto: es una parte del proyecto que no estaba resuelta y se resuelve tarde, con el constructor ya adjudicado y sin competencia que discipline el precio.
Un detalle constructivo mal resuelto cuesta cero euros corregirlo en fase de proyecto. El mismo detalle, resuelto con la estructura ya ejecutada, puede costar miles. La curva de coste de una decisión crece de forma brutal a medida que avanza la obra: es el principio básico del control de proyecto.
2. Las mediciones estaban mal
Un presupuesto de obra es un listado de partidas con una medición y un precio unitario. Si las mediciones están mal hechas, el total es ficticio aunque todos los precios unitarios sean correctos.
Hay dos variantes, y conviene distinguirlas:
- Error de medición. El proyecto dice 340 m² de solado y en realidad son 410. Nadie mintió, pero usted pagará 70 m² más de los que había presupuestado.
- Partida alzada a justificar. Una línea que dice "instalación de fontanería: 12.000 € (a justificar)". Eso no es un precio, es un marcador de posición. El precio real se conocerá cuando esté ejecutada, y por definición no se puede negociar antes.
Cuantas más partidas alzadas tenga un presupuesto, menos presupuesto es. Un documento con quince partidas a justificar no le dice cuánto costará la obra: le dice que nadie lo sabe todavía.
3. La oferta ganadora era demasiado barata
Cuando pide cinco ofertas y una está un 20% por debajo del resto, la reacción natural es alegrarse. Suele ser mala noticia.
Cuatro empresas del mismo sector, con acceso a los mismos proveedores y a los mismos convenios laborales, no pueden estar todas equivocadas al alza. Si una es mucho más barata, normalmente ocurre una de estas cosas:
- Ha excluido partidas que las demás sí incluyen, y aparecerán después como extras
- Ha medido menos cantidad de la que hay
- Ha ajustado el margen a cero contando con recuperarlo vía modificados durante la obra
- Tiene un problema de tesorería y necesita el contrato para financiarse, con el riesgo que eso implica de cara a la finalización
La comparativa de ofertas seria no compara totales: homogeneiza. Se lleva a todas las ofertas al mismo alcance y a las mismas mediciones, y solo entonces se comparan. Es un trabajo tedioso, y es donde se decide buena parte del coste final de la obra.
4. Se cambiaron cosas sin valorarlas antes
Esta es responsabilidad compartida, y ocurre en casi todas las obras. El propietario visita la obra, ve el espacio construido y pide un cambio razonable: mover un tabique, cambiar un alicatado, añadir un punto de luz. El jefe de obra dice que sí sin problema.
El problema no es el cambio: es que no se valoró ni se firmó antes de ejecutarlo. Tres meses después llega una certificación con quince cambios acumulados y un importe que nadie había aprobado. Discutirlo entonces es incómodo y casi siempre se acaba pagando.
La regla es sencilla y no admite excepciones: ningún cambio se ejecuta sin precio cerrado y aprobación por escrito. Ninguno. Ni siquiera los pequeños, porque los pequeños son los que más se acumulan.
5. No había contingencia
Aunque el proyecto sea bueno, las mediciones correctas y el contrato sólido, alguna desviación habrá. Aparece roca en la excavación, una normativa cambia a mitad de tramitación, un proveedor incumple un plazo.
Un presupuesto profesional reserva entre un 5% y un 10% del presupuesto de ejecución material para absorber esto. No es pesimismo, es planificación.
Quien no reserva contingencia no evita el gasto: se lo encuentra sin financiación prevista. Y como el dinero tiene que salir de algún sitio, casi siempre sale de recortar calidades en la última fase de la obra, que es precisamente la parte que se ve y se disfruta todos los días.
Dónde se puede actuar sobre cada causa
| Causa | Momento de actuar | ¿Se puede corregir en obra? |
|---|---|---|
| Proyecto incompleto | Antes de licitar | Muy caro |
| Mediciones deficientes | Antes de licitar | No |
| Baja temeraria | En la adjudicación | No |
| Cambios sin valorar | Durante la obra | Sí, con procedimiento |
| Falta de contingencia | Al cerrar la financiación | No |
Fíjese en la columna de la derecha. Cuatro de las cinco causas solo se pueden atacar antes de que empiece la obra. Cuando la excavadora ya está en la parcela, el margen de maniobra sobre el coste final es mínimo.
Por eso el momento de incorporar control de proyecto no es cuando algo empieza a ir mal. Es antes de firmar.
En Mellado PM revisamos el proyecto y las mediciones antes de la licitación, homogeneizamos las ofertas para que sean comparables de verdad, y establecemos un procedimiento de cambios que impide que nada se ejecute sin precio aprobado. No es burocracia: es lo que mantiene el presupuesto final cerca del inicial.
Antes de licitar
Una segunda opinión sobre sus mediciones
Casi todos los sobrecostes que he visto estaban ya escritos en el proyecto antes de empezar. Si tiene una obra a punto de salir a oferta, reviso el proyecto y las mediciones y le señalo por dónde va a pedir modificados la constructora.
Cuanto antes se mire, más barato sale corregirlo.